Después de sanar mi alma, creí que me liberaría de algo que me había causado daño tanto tiempo. La verdad ocurrió así, pero ahora simplemente no siento nada; todo me da igual, lo que me rodea no me interesa tanto como antes y la gente que quiero me ha sido indiferente. Pero eso no significa que me haya dejado de importar ya que han sido grandes impulsos en mi vida y los amo.
No me entiendo ya que trato de llenarme con lo primero que veo, al final después de haber quedado satisfecha, regresa esa sensación de que no hay nada que me tranquilice o me haga sentir bien.
El tiempo pasa y me pregunto si esta es en verdad la vida que quiero.
Después de haberlo olvidado siento que una parte de mi se ha ido con él, con ese pedazo que me falta; he perdido mi sentido del humor y el hacer reír a la gente que tanto bien me hace.
Ahora me arreglo más para que las personas perciban que estoy bien, por fuera me siento bien y estoy plena; tengo todo y no debería quejarme.
Pero necesito un impulso en vida, es bueno sentirse así, simplemente quiero paz de nuevo, porque me desespero muy rápido.
Querida, son etapas. Poco valdría la vida si nos encontráramos en un estado permanente. Raro sonaría que te dijera que disfrutes la indiferencia que ahora sientas, pero en esos momentos ni las lágrimas se sienten realmente. Sólo recuerda que todo pasa, lo malo y, tristemente, lo bueno.
ResponderEliminarP.D: Me gusta cómo te expresas y lo leí todo pero éste fue el que más me llamó la atención